
Años atrás, a los catorce años de edad, siendo alumno del colegio San Jorge en Quilmes, en la provincia de Buenos Aires, sentí el llamado sacerdotal. Un día caí en la cuenta de que muchos jóvenes no parecían ser felices. Entonces se me ocurrió la idea: por qué no te haces sacerdote para ayudar a los jóvenes a encontrar esa felicidad? Pero enseguida se me vino otro pensamiento: y porqué tú? Que se hagan sacerdotes otros. Mas luego pensé, si todos pensaran así, de dónde saldrían los sacerdotes? Y me sentí acorralado. Luego abrí el corazón y acepté el desafío. En aquel momento me sentí invadido de una gran alegría, y de allí en adelante sentí que de veras el sacerdocio formaba parte de una identidad nueva. Integraba todo mi ser, y si lo fuera a rechazar, sería como traicionarme a mí mismo.
Ingresé luego a la Congregación Pasionista. Me sentí atraído por su espiritualidad. El contemplar el amor que Dios me tenía a través del Cristo Crucificado y el amor de la Virgen que sufría junto a la cruz por mi, era uno de los medios que más me acercaba a Dios. Era lo que más me urgía a rechazar el pecado y lo que más fuertemente despertaba en mi corazon el deseo de amar como ellos me amaban. Y quería que otros también pudieran descubrir lo mismo. Anhelaba ser misionero Pasionista para llevar este mensaje a mis hermanos. Quería que este mensaje llegara a tantos que sufren y que son hoy en día el rostro del Cristo crucificado.
Estuve once años de misonero en la India y cinco en Tanzania. Luego estuve 10 años en EE.UU, donde la necesidades esprituales de la gente son grandes, cosa que se percibe de manera singular entre los hispanos. Los hispanos católicos actualmente integran un porcentaje elevado de la Iglesia Católica del país. Sin embargo las vocaciones sacerdotales hispanas para servir a estos hermanos son bien escasas, y la mayoría de ellos nacieron fuera de los EE.UU. Y me pregunto: qué pasa? Acaso Dios no está llamando a los jóvenes al sacerdocio y a la vida consagrada? Pienso que sí los está llamando pero que la falla estaría en la respuesta que se da a esa llamada. A pedido de nuestro Superior General, me encuentro actualmente viviendo en Roma como Secretario General de las Misiones Pasionistas. Es un labor intenso pero me gusta mucho estar moviendo en un ambiente internacional velando por las necesidades de todas nuestras misiones por el mundo.
Yo les pediría a ustedes, amigos y amigas cristianos, a que recen mucho para que Dios siga proveyendo a su pueblo de sacerdotes y hombres y mujeres consagrados a Dios, y para que los que son llamados no hagan oídos sordos a ese llamado. Recemos tambien por quienes tienen la responsibilidad de conscientizar a los jóvenes. Y si tu eres uno de equellos que se sientes la llamada, pregúntate si acaso no sea también pata ti la vida del Pasionista. Si quieres que alguien te ayude a discernir una posible vocación, es IMPORTANTE comunicarse con un pasionista de tu pais o pais vinculado con tu pais. Para eso vea a lista de direcciones posibles.

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