
La vocación pasionista
1.
San Pablo de la Cruz reunió compañeros que viviesen en
común
para anunciar el Evangelio de Cristo a los hombres.
Desde el principio los
llamó
«Los Pobres de Jesús», porque su vida debía
fundarse
en la pobreza
evangélica,
tan necesaria para observar los otros consejos evangélicos, para
perseverar en la oración y para anunciar continuamente la
Palabra
de la Cruz. Quiso que los mismos compañeros siguieran un estilo
de vida «a la manera de los Apóstoles»y fomentasen
un
profundo espíritu de oración, de penitencia y de soledad,
por el que alcanzasen una unión más íntima con
Dios
y fuesen testigos de su amor.
Con clara visión de los males de su tiempo, proclamó incansablemente que la Pasión de Jesucristo, «la obra más grande y admirable del divino amor #187, es el remedio más eficaz.
2. La Iglesia, habiendo reconocido la acción del Espíritu Santo en San Pablo de la Cruz, aprobó con su autoridad suprema nuestra Congregación y sus Reglas, para la misión de anunciar el Evangelio de la Pasión con la vida y el apostolado
Esta misión conserva siempre toda su fuerza y validez.
Para actualizarla nos reunimos en comunidades apostólicas y trabajamos para que venga el Reino de Dios.
Confiados en la ayuda de Dios, queremos permanecer fieles al espíritu evangélico y al patrimonio del Fundador, a pesar de las limitaciones humanas.
3.
Sabiendo que la Pasión de Cristo continúa en este mundo
hasta
que El venga en su gloria, compartimos los gozos y las angustias de la
humanidad, que camina hacia el Padre. Deseamos participar en las
tribulaciones
de los hombres, sobre todo de los pobres y abandonados,
confortándolos
y ofreciéndoles el poder de la Cruz, que es sabiduría de
Dios, trabajamos con ilusión por iluminar y suprimir las causas
de los males que angustias a los hombres. Por este motivo, nuestra
misión
se orienta a evangelizar mediante el ministerio de la Palabra de la
Cruz,
a fin de que todos puedan conocer a Cristo y el poder de su
resurrección,
participar en sus sufrimientos y configurarse a Él en su muerte,
para alcanzar su gloria ( cfr. Filp. 3,10-11 ). Todos participamos en
apostolado,
cada uno según las posibilidades, las aptitudes y los servicios
que le sean encomendados.
4.
Aceptamos las apremiantes exigencias que a cada uno de nosotros nos
pide
la llamada personal del Padre para seguir a Jesús Crucificado; a
saber: esfuerzo continuo para hacer del Evangelio de Cristo norma
suprema
y criterio de nuestra voluntad constante de vivir y trabajar
gozosamente
en comunidad fraterna, observando estas Constituciones según el
espíritu de San Pablo de Cruz; firme propósito de
fomentar
en nosotros mismos el espíritu de oración y de
enseñar
a otros a orar; y además, diligente atención a las
necesidades
de los hermanos para conducirlos a la plenitud de la vocación
cristiana
por la Palabra de la Cruz.
Nuestra consagración a la Pasión de Jesucristo
5.
Buscamos la unidad de nuestra vida y de nuestro apostolado en la
Pasión
de Jesucristo. Ésta revelación del poder de Dios, que
penetra
el do para destruir el poder del mal y edificar el Reino de Dios.
Llamados a tomar parte en la vida y en la misión de Aquel «que se anonadó a sí mismo tomando forma de esclavo #187 (Filp.2, 7), en asidua oración contemplamos a Cristo que, al entregar su vida por nosotros, revela el amor de Dios a los hombres y el camino que también éstos deben seguir para llegar al Padre. Esta contemplación nos hace cada vez más capaces para manifestar su amor y ayudar a los demás, de modo que ofrezcan su vida con Cristo al Padre.
6. Nuestra
participación
en la Pasión de Cristo, que ha de ser personal, comunitaria y
apostólica,
se
expresa con un voto especial. Por él nos comprometemos a
promover
la memoria de la Pasión de Cristo con la palabra y con las
obras,
a fin de propagar un conocimiento más efectivo de su valor para
cada hombre y para la vida del mundo.
Por este voto nuestra Congregación ocupa su puesto en la Iglesia y se consagra plenamente a cumplir su misión.
A la luz de este vínculo vivimos los consejos evangélicos, procurando cumplir el voto en la vida diaria.
Así, nuestras
comunidades
tratan de convertirse en fermento de salvación dentro de la
Iglesia
y en medio del mundo. Y cada uno de nosotros vive la memoria de la
Pasión
de Cristo según las exigencias de los tiempos actuales.
