
Tema:
Dios es el constructor del Reino.
Realidad
contemplada:
Existe el peligro de que nos olvidemos de Dios cuando las cosas marchan
bien o
de que dejemos de rezar cuando las cosas se vuelven muy mal y nos
sentimos
abandonados por Dios.
Meta:
Re-avivar la necesidad que tenemos de reconocer el lugar que Dios ocupa
en
nuestras vidas como nuestro Creador y Salvador y en consecuencia, de la
necesidad que tenemos, de nunca abandonar la oración,
especialmente en tiempos
de prueba.
Símbolos
en este contexto:
Canto y Flor, medios de comunicación divina. La Virgen,
expresión simbólica del
amor maternal de Dios.
Lecturas bíblicas:
Is.35:1-6.10 (vea 3er dom. de adv.); Sal.96 (vea mar.2da.semana del Adviento) o Sal.33 (vea 21 de dic.); Lc 10:21-24
Aleluya: Aleluya. O Flor del
tronco
de Jesé, que alzas como bandera ante los pueblos, ¡ven a
librarnos; ya no
tardes más! Aleluya.(del 19 de dic.)
Lectura adaptada del Nican Mopohua (7:17-19.23-24):
La
Señora del cielo le dijo a
Juan Diego: "Sube, hijito mío, el más desamparado, a la
cumbre del
cerrito, a donde antes me vistes; allí verás que hay
variadas flores; córtalas,
júntalas, recógelas; luego baja aquí,
tráelas aquí, a mi presencia."
Juan Diego subió al cerrito y, cuando llegó a la
cumbre, se quedó asombrado
de que allí hubiera tantas exquisitas rosas, porque no era
tiempo de ellas y,
además, hacía mucho frío. Luego empezó a
cortarlas y las echó en su ayate.
Luego bajó inmediatamente y se las llevó a la
Señora del cielo.
La Virgen tomó las flores en su mano y luego las puso de
nuevo en el regazo
de Juan Diego y le dijo:
"Mi hijito, el más desamparado, estas diversas flores son la
prueba y
la señal que llevarás al obispo de mi parte. Le
dirás que vea en ellas mi
voluntad, y que él tiene que cumplirla."
Tema
desarrollado: Dios comunica su plan de Salvación
a través de
símbolos apropiados a nuestra naturaleza humana y nosotros nos
relacionamos con
Dios a través del mismo lenguaje simbólico.
Desde antiguo, Dios mostró su preferencia en comunicarse
con los pobres,
los pequeños, los humildes, los que la sociedad margina como sin
importancia, y
a convertirlos en sus mensajeros. Al tartamudo pastor
Moisés lo hizo un
gran líder y a través de él liberó a los
israelitas de la esclavitud en Egipto.
Al muchacho tímido llamado Jeremías lo convirtió
en su profeta. A María, la
muchacha pobre, humilde y sencilla, la más grande entre todas
las mujeres, Dios
la escogió para ser madre de su Hijo. A personas como ellos Dios
les da el
reino. Por eso no hemos de extrañar que Dios escoja a Juan
Diego, 'el más
desamparado', hijo de un pueblo aplastado.
Dios se comunica con nosotros de una manera sencilla. Esto está
fuera del
alcance del entendimiento de los grandes sabios de este mundo. Es un
lenguaje
simbólico, sencillo, que revela misterios profundos. Con el
lenguaje simbólico,
toda la creación y la historia humana se vuelven medios de
comunicación. Las
flores nos hablan de la vida nueva de la primavera y de la belleza de
Dios. La
música y el canto nos une a Dios de manera muy especial. El sol
nos habla del
Dios que brilla en nuestra vida y que nos llena con el calor de su
amor. La
historia de Israel con sus personajes importantes, nos habla de Cristo
y su
reino. Cristo mismo, al morir en la cruz por nosotros, es la
máxima revelación
del amor de Dios hacia nosotros sus creaturas. La Virgen María
es la mejor
expresión humana que tenemos del amor maternal que Dios nos
tiene. Dios sabe
bien cómo la mayoría de nosotros nos sentimos cercanos a
nuestra mamá y cómo
nos comunicamos muy fácilmente con ella. Así
también y más aún quiere estar
Dios de nosotros.
Los aztecas también entendieron esto. Para ellos, la
única manera de
comunicarnos con Dios es a través de 'flor y canto' que
significa a través del
lenguaje simbólico o poético. Por eso, la historia y la
imagen de Ntra. Sra. de
Guadalupe están llenos de simbolismo a través de los
cuales Dios habló a la
gente de aquellos días y nos sigue hablando hoy en nuestro
peregrinaje
histórico. La parte principal del relato de Guadalupe comienza
con el canto de
los pajaritos y termina con el esparcimiento de flores que caen de la
tilma de
Juan Diego frente al obispo. Eso para los aztecas era una
indicación de que este
relato contenía un mensaje divino.
Por eso debemos acercarnos con confianza en oración a Dios y a
la Virgen que
nos ayuda a acercarnos más a Dios. Como nos dice Isaías,
él nos fortalece,
convierte 'la aridez del desierto de nuestras vidas en gozo de flores
abundantes, coloridas, perfumadas y bellas.' A través de la
oración, el
Espíritu de Dios se convierte en nosotros en 'un manantial
de agua viva
que brota en el corazón'(Jn 4:14) y llenándolo con
alegría. A través de la
oración, Dios nos cura de la parálisis de una vida
estancada, para que podamos
avanzar por el camino de la salvación. Él nos cura de la
ceguera y de la
sordera espiritual para que lo veamos y escuchamos mejor en el trayecto
de
nuestra vida. Debemos sensibilizarnos a escucharlo también
cuando las cosas
andan mal y no dejar que nuestra frustración nos ciegue y
ensordezca. Y cuando
las cosas andan demasiado bien y dejamos de rezar y sentimos entrar el
aburrimiento, la indiferencia y la insensibilidad del individualismo,
Dios
también en esa experiencia nos está hablando Nos
está invitando a reaccionar
antes de que sea demasiado tarde.
Preguntas: ¿Reconocemos
la presencia de Dios en el trayecto de nuestra vida diaria?
¿Valoramos el
lenguaje simbólico que hasta los niños pueden entender?
¿Seguimos rezando
cuando las cosas andan muy mal? ¿O nos dejamos cegar en la
desesperación?
¿Dejamos de rezar cuando todo anda bien?
Oraciones de los Fieles para el Tercer día de la Novena
Presentemos ahora nuestras peticiones al Señor respondiendo: Señor escucha nuestra oración.
1.Por nuestra Iglesia, para que
siempre esté abierta a la acción transformadora del
Espíritu Santo, llegando a
ser bella y radiante como la Virgen para ser signo del amor de Dios en
el
mundo. Oremos al Señor.
2.Por todos los líderes de la Iglesia para que tengan la
humildad servicial de
María y Juan Diego a ejemplo de nuestro Salvador Jesús.
Oremos al Señor.
3.Por cada uno de nosotros, para que nunca dejemos de tener un
espíritu de
oración y para que sepamos, con la ayuda del Espíritu,
discernir la acción
salvadora de Dios en nuestras vidas. Oremos al Señor.
4.Por nuestra parroquia, para que seamos transformados por la
acción del
Espíritu Santo, de modo que seamos símbolo de la unidad
en el amor de Dios,
para la gente de nuestro barrio. Oremos al Señor.
5.Por todos los que están pasando por alguna crisis de fe, para
que no pierdan
la esperanza y sigan confiando en Dios que nunca nos abandona. Oremos
al Señor.
Oremos:
Señor Dios humilde y servicial, el amigo de los sencillos y
pobres de corazón.
Tu nos enseñaste con tu ejemplo, a orar, sobre todo en el
momento más trágico
de tu vida, allí en el huerto de los olivos, antes de sufrir por
nosotros en la
cruz. Dígnate escuchar hoy a tus seguidores para que nunca
desfallezcamos en el
camino de la vida. Por Cristo nuestro Señor. Amén.